Muertas
Por: Mayra Montero en www.endi.com
Sin que haya terminado el primer trimestre del año, ya son diez las mujeres que han muerto asesinadas por sus parejas o ex parejas. Diez que de una forma u otra pagan con sus vidas por el enajenado mundo en el que viven. Hace poco, con motivo del crimen en la gasolinera, oí por radio a la Procuradora de la Mujer explicando que el peor momento de la relación con un hombre controlador y agresivo, es cuando la mujer hace clara su intención de separarse. Recomendaba entonces a las mujeres que evitaran informar sus planes. Supongo que, en esos casos de tipos dominantes, lo mejor es huir sin abrir la boca; sin darle tiempo al otro a pedir explicaciones, y sin que surja una oportunidad para que el energúmeno la ataque. Lo que pasa es que una mujer que tiene hecha su vida, un trabajo, una familia, no puede esfumarse de su propio mundo sin más ni más. Por mucho que trate de esquivar al agresor, él siempre se las arreglará para encontrarla. De algún modo quizá se alegra de que le pongan las cosas un poquito difíciles, porque esos pequeños obstáculos no hacen más que alimentar su saña.
Después de todo, ellos siguen recibiendo el mismo bombardeo mediático que, aparte de las fallas en el hogar en que ha crecido y la falta de enseñanza sobre igualdad de género en la escuela, contribuye a meterle ideas distorsionadas en la cabeza. Por ejemplo, se convencen de que las mujeres tienen un propósito único en sus vidas, una misión que arranca desde la misma cuna: la de vivir para complacer, servir y seducir al hombre. ¿Por qué no existe en Puerto Rico, como en otros países, un observatorio de medios que señale cada vez que se cuela reiterativamente este tipo de filosofía?
Ni siquiera haría falta un observatorio. Con que una mujer lo vea y lo señale en voz alta es suficiente. La televisión del País y la prensa escrita, con la que tenemos que ejercer la autocrítica, está salpicada, un día sí y otro no, de nociones sexistas, de frases que refuerzan viejos estereotipos, de hipérboles y ñoñerías que hacen lucir a la mujer imbécil. Callarlo por evitar discusiones, o por no ser repudiada en el rebaño, o, peor aún, por temor a perder el empleo, es algo que no se justifica en estos tiempos.
No es que ahora formemos un ejército de trasnochadas que vayan pegando gritos cada vez que encuentran algo que contribuye a machacar a la mujer, o a presentarla como un apéndice, un objeto del varón que la valida. Pero cuando se cacarea tanto lo de la educación -cada vez que apuñalan a una mujer volvemos a lo mismo- hay que aceptar que no sólo se trata de la escuela, sino de todo lo que nos rodea: los letreros que se leen en la calle, los anuncios que se ven por televisión, los artículos con mensaje subliminal y no tan subliminal que hojean, y la cantidad de inmundicia que reciben a través de la radio. Son mensajes abiertos o disimulados; unos más elitistas que otros, y hasta con pretensiones de total inocencia, pero que llevan en la sangre su veneno contra la igualdad de género y ponen su granito de arena en la violencia machista.
Existe mucha timidez para señalar esto o tan siquiera hablarlo. Y la iniciativa para hacerlo tiene que partir de las mujeres, a los hombres qué les va a importar. Yo recuerdo que hace años solía ponerse en las áreas comunes de las fábricas y las oficinas una hoja informativa donde explicaban cómo identificar el acoso sexual y qué hacer para pararlo en seco. Pues ahora habría que hacerlo con esto otro: identificar estereotipos y mensajes torcidos.
Me pregunto, ¿tanto trabajo cuesta orientar a las personas que ayudan a formar opinión, a los que están en los medios, para que no vuelvan a escribir, por ejemplo, “crímenes pasionales”, ni usen lugares comunes con respecto al papel de las “nenas” como princesitas con neuronas serviles, frívolas o bobaliconas?
A los agresores les resbala oír la vieja cantaleta de “promesa de hombre”. Como además son personas que están en negación, al que les pregunte dirán que ellos prometen, cómo no, siempre están en disposición de prometer. Pero la cosa no es así, son campañas y palabrería que no resuelven nada. Los que van a educar a los agresores tienen que estar muy educados ellos mismos. Ser vigilantes y observadores críticos de las imágenes; de las frases que se sueltan hasta en los noticiarios. Oigo muchas, es casi imposible anotarlas todas, y eso que tengo mi alucinante colección privada. Además, ya consumado el crimen y aunque parezca ilógico, no hay manera de que bajen al agresor del pedestal; siempre era bueno, callado, excelente padre y trabajador. En lugar de desmontar las supuestas cualidades del asesino, cualidades que no eran tales y que sólo enmascaraban su afán controlador, muchos se quedan con esa nota angelical, sobre todo cuando el individuo se suicida. El hombre mató, pero modestia aparte, era un pedazo de pan.
Las muertas son las que no alcanzan a dar su opinión. No se reconocen en las “seductoras” o en las “coquetas” que les vende el consumismo duro. Se reconocen, la mayor parte de las veces, en la pobreza y la marginación. Ese y no el otro, es el mundo real.
Mi nombre es Ada M. Álvarez Conde, tengo 25 años y resido en San Juan, PR. A los 16 años comencé a interesarme por el tema de la violencia en el noviazgo y las maneras para combatirla. Trabajé de voluntaria en el periódico estudiantil TINELLER; e hize un reportaje sobre lo mismo. Ese mismo año, basándome en experiencias personales e investigaciones comenzé a desarrollar mi pasión, la escritura en este tema. Se creó la novela: Lo que no dije. Viajo cuando es necesario para dar charlas a países que me invitan. Luego de trabajar por dos años la publiqué a los 19 convirtiéndome en la novelista más joven de Puerto Rico. Por medio de la internet, de crear conciencia sobre este problema, especialmente en sus inicios para evitar los accidentes. Actualmente estudio mi doctorado y espero que este site sirva para ayudar a crear un mundo de paz.
Este libro es un sueño para mí. Como escritora desde joven he ganado varios premios, pero entiendo que ninguno me complementa más que este porque es una obra inspirada en un problema social y así puedo ayudar a mi país; con este site al mundo. Quiero ayudar a las mujeres que están en el problema y darles herramientas a los que están alrededor de ellas para que las ayuden. Este es mi granito de arena. Ayúdame a demostrar que una persona puede cambiar el mundo. Dicen que el que calla otorga y espero profundamente que apoye mi novela y este site, para que muchos lean LO QUE NO DIJE y salgan de la soledad, del maltrato y sobretodo del silencio. Visita la fundacion www.altoalsilencio.org para mas informacion
gracias!
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A Mayra Montero hace tiempo que no le da el sol. Genial.
Adelante y éxito.
2 Mayo 2011 | 10:06 AM