Ella usa guantes: en honor a Dolphy
Usa guantes todos los días. Son color crema. Su pelo rizo marrón rojizo resalta sus pómulos, enmarcados como una muñeca con dos círculos de rubor. Sus labios gruesos enmarcan una noble sonrisa que contrasta con el color oscuro de su piel. Su accesorio favorito son las pantallas y camina con mucha confianza, como si nunca lo hubiera conocido.
Dolphy es una joven de 18 años residente de Santo Domingo en República Dominicana. Dos años atrás se fue de la casa a vivir con su novio Gregorio. Se habían visto en la escuela desde que ella tenía quince años. El trabajaba como carnicero en el colmado que quedaba cerca de su casa. Se hicieron novios y a los tres meses Gregorio le pidió que se mudara con él. Le pegó, una y otra vez, luego de que Dolphy no quisiera dejar la escuela. Su sonrisa parecía opacarse por el miedo que llegó a sentir.
Dejó la escuela para evitar los golpes. Dolphy a los 13 años comenzó a ayudar a su tía en una peluquería y así generaba un poco de dinero. Su novio le pidió que trabajara, pero sólo si era en la peluquería cercana a su trabajo para tenerla vigilada de cerca. “Yo pensé que era amor, que me quería tanto porque deseaba estar a mi lado todo el tiempo”, dijo Dolphy con la mirada hacia el piso levantando los hombros como sinónimo de duda. Estuvo seis meses viviendo con él, y aunque siguiera sus llamados consejos, no hacía más que obedecer las órdenes de quien se convirtiera su amo. Al punto, en que como un perro, en una mañana que Dolphy no tenía la comida preparada, fue castigada amarrada y encerrada en el baño del apartamento que compartían.
Hay un suceso que “la muñequita”, como algunos le llaman nunca olvidará. Cuenta que trató de escapar de su agresor y novio. Que su mamá no la regañó porque se entendía que vivir con un hombre era normal si él proveía la casa. Estaba sola y se escapó. Al cabo de dos días, el hombre con quien compartiera cama y cena, la persiguió y la entró a un carro a la fuerza. Llevó a Dolphy a una cabaña en Santo Domingo, proporcionándole golpes que hicieron que sus labios se salpicaran de sangre disfrazada como un lápiz labial rojo. “Tienes que volver conmigo”, Gregory repetía. A lo que el llanto hizo que sin fuerza Dolphy prometiera estar de vuelta a la casa con él al cabo de una semana. Dejándola en el piso, casi inconsciente se fue y esperó por ella.
“Esa semana fue la más ajetreada de mi vida”, dice ella. Buscó ayuda en agencias gubernamentales, en su familia y hasta en el visado para escapar del país. Pasaban los días como horas en una fila congestionada de tráfico y ante su desesperación caminaba hacia un banco en la plaza pública del pueblo. La joven de 16 años vio al que fuera su novio de 18 bajarse de un carro con su uniforme de carnicero y algo en mano. La gente estaba lejos de los asientos donde ella posaba y él tomó el afilado objeto, un machete, y se dirigió hacia ella para matarla. En el momento en que subió la mano derecha y el machete iba dirigido a la cabeza de la joven, levantó sus manos para cubrirse la cabeza, sin saber que sería la última vez que las tendría puestas.
El joven le picó las manos con el machete y se dispuso a intentar de nuevo cortarle la cabeza. En ese momento varias personas del mercado reaccionaron y un hombre lanzó una piedra ante Gregory que hizo que soltara el machete y fallara el intento de asesinato. Varios hombres corrieron detrás del carnicero humano, mientras que otros se acercaron a Dolphy, manca y desangrada. Ella estaba en un lugar del parque, su ropa estaba bañada en sangre y sus manos, de la muñeca hacia abajo, yacían en otro lugar de la plaza. Una mujer tomó las manos de la joven y buscó una nevera portátil, haciendo posible que Dolphy fuera transferida al hospital de la capital con las manos que acababa de perder en la parte trasera del automóvil que sirvió de ambulancia.
Gracias a los esfuerzos de la gente, a Dolphy, le cocieron las manos. Lo único que puede usar hasta ahora son el dedo índice y el del medio, esto gracias a terapias físicas para recuperar su funcionamiento. El novio, al exponer su intención en un lugar público, consiguió testigos que lo acusaran y ahora cumple una condena de 30 años de cárcel. Dolphy no se atrevía a hablar de su experiencia, pero gracias a la ayuda de la Fiscalía del pueblo y de los servicios sicológicos que recibió, decidió contar su historia para salir del silencio. Un silencio un tanto desconocido en República Dominicana, donde el término violencia en el noviazgo no existe.
Me quería conocer por mi trabajo en contra de la violencia entre parejas. Me entregó una cinta violeta para usarla como pulsera para demostrar mi repugnancia y lucha contra la violencia doméstica. Estaba sonriente, alegre por su causa, con una camisa que resaltaba su figura y un mahón un tanto gastado pero a la moda. Dolphy, se convirtió en la portavoz en fiscalía de programas pilotos que buscaban concienciar sobre la violencia entre los jóvenes y sus consecuencias. Aparece como una muñeca, marcada con cicatrices que muestran cómo fueron cocidas sus manos y cómo se cose su vida cada vez que le busca darle a sus 18 años una motivación. Dolphy, usa guantes todos los días.
Mi nombre es Ada M. Álvarez Conde, tengo 22 años y resido en Miami Florida. A los 16 años comencé a interesarme por el tema de la violencia en el noviazgo y las maneras para combatirla. Trabajé de voluntaria en el periódico estudiantil TINELLER; e hize un reportaje sobre lo mismo. Ese mismo año, basándome en experiencias personales e investigaciones comenzé a desarrollar mi pasión, la escritura en este tema. Se creó la novela: Lo que no dije. Estoy escribiendo la edición bilingue de la novela y editando mi poemario. Luego de trabajar por dos años la publiqué a los 19 convirtiéndome en la novelista más joven de Puerto Rico. Por medio de la internet, de crear conciencia sobre este problema, especialmente en sus inicios para evitar los accidentes. Actualmente estudio mi maestria en periodismo y espero que este site sirva para ayudar a crear un mundo de paz.
Este libro es un sueño para mí. Como escritora desde joven he ganado varios premios, pero entiendo que ninguno me complementa más que este porque es una obra inspirada en un problema social y así puedo ayudar a mi país; con este site al mundo. Quiero ayudar a las mujeres que están en el problema y darles herramientas a los que están alrededor de ellas para que las ayuden. Este es mi granito de arena. Ayúdame a demostrar que una persona puede cambiar el mundo. Dicen que el que calla otorga y espero profundamente que apoye mi novela y este site, para que muchos lean LO QUE NO DIJE y salgan de la soledad, del maltrato y sobretodo del silencio. Si quieres la novela visita www.loquenodije.com
y para el quiz.
gracias!
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fasd dijo
Learn to build storage rack a life together. Learn racking to love each other for who they are, maplestory mesos not what they are.
3 Noviembre 2009 | 09:05 AM