‘¡Papi, papi, suéltame!’
Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com
Juana Díaz- “¡Papi, papi, suéltame!”, escuchó a lo lejos Gene Pagán. Luego, un ruido “como de algo cayéndose al suelo”. Después… silencio.
Más caso hicieron los vecinos a ese silencio que a los aterradores gritos que resonaron poco antes, a eso de las 6:00 p.m del domingo, cuando dos niñitos y su madre eran acuchillados hasta morir.
Cuatro horas más tarde, Gene Pagán y su tío Jesús Pagán Torres, dueño de la residencia donde ocurrió el crimen, llegaron a la casa para toparse con la desgarradora escena: en el suelo estaban tirados los cuerpos degollados de la niñita Blassa Barrera, de 4 años, su hermano Mathew Barrera, de 5, y su madre, Luz Rosado Aponte, de 30.
“No llamé a nadie. No sé que pasó. No me pasó por la mente que fuera a hacer algo así”, lamentaba Pagán, de 23 años, poco antes de que fuera llevado a la Escuela de Medicina en Ponce a recibir asistencia sicológica.
Junto a los cuerpos estaba el cadáver del agresor y padre de los menores, el mexicoamericano Domingo Barrera García, de 46 años. Tenía heridas en un brazo, el pecho y el cuello, provocadas con el mismo cuchillo de cocina con que masacró a su familia. Era el mismo forastero que Pagán había conocido en las cosechas de tomate en Santa Isabel y que había hospedado en su casa ya que se encontraba deambulando en las calles de la comunidad ubicada en el barrio Guayabal en Juana Díaz. Horas antes había pedido a Pagán Torres usar su casa para reunirse con su familia a lo que accedió “porque nunca vi en él algo de alguien violento o de desconfiar”.
“No era la primera vez que se encontraban. Se veían en el parque y aquí (en la residencia) se vieron como en cuatro o cinco ocasiones”, dijo mientras mostraba el área donde encontró los cuerpos. Aún se percibía el olor a sangre coagulada y, aunque el suelo fue limpiado, se observaban aún varias manchas rojas.
Patrón de violencia
Precisó que en una ocasión el sujeto le habló sobre los problemas que tenía con la familia de su esposa, los que atribuía a la diferencia de edad entre ambos, su origen mexicano y a que no hablaba español.
Barrera García cargaba un patrón de violencia doméstica que había comenzado en Chicago, donde la pareja se conoció, vivió por ocho años y concibió a sus hijos. La madre de la occisa, Lucrecia Aponte, señaló que las primeras señales de maltrato las detectó cuando la relación de la pareja apenas comenzaba. Relató que Barrera García no permitía comunicación frecuente de la mujer con sus familiares en la Isla, al punto que conoció a sus nietos cuando su hija llegó a la Isla huyendo de su esposo. “Él la había amenazado de que si lo dejaba la mataba a ella y a nosotros, los padres de ella. Era un patrón… Ella nos dijo que allá [en Chicago] él llegaba los viernes por la noche a la casa y le pegaba”, señaló entre sollozos.
El penúltimo de estos actos violentos ocurrió el 31 de marzo, cuando el sujeto propinó una golpiza que dejó casi inconsciente a Rosado Aponte, quien denunció el suceso a las autoridades de Illinois y así obtuvo una orden de protección. Entonces se refugió en una institución para mujeres maltratadas de este estado, hasta que salió de EE.UU. para reencontrarse con su familia en Juana Díaz el 11 de abril. Diez días más tarde Barrera García llegó a Juana Díaz a hablar con su esposa. La Policía intervino ante los reclamos de los familiares de que el sujeto violaba la orden de protección. No obstante, la Policía no detuvo al individuo porque la orden no había sido validada por un juez en Puerto Rico, explicó el sargento Samuel Rodríguez, del distrito de Juana Díaz. “Ella entonces se negó a validar la orden. Él (Barrera García) no había cometido delito y no podíamos hacer nada más si no la validaban. Nosotros orientamos a la familia para que pidiera entonces una orden de protección por acecho”, dijo el Sargento.
Según Aponte, esa orden fue tramitada pero el tribunal no acogió la petición debido a que Barrera García no había cometido delito desde que llegó a la Isla. “Después de eso, miren lo que pasó”, dijo Aponte.
Mi nombre es Ada M. Álvarez Conde, tengo 22 años y resido en Miami Florida. A los 16 años comencé a interesarme por el tema de la violencia en el noviazgo y las maneras para combatirla. Trabajé de voluntaria en el periódico estudiantil TINELLER; e hize un reportaje sobre lo mismo. Ese mismo año, basándome en experiencias personales e investigaciones comenzé a desarrollar mi pasión, la escritura en este tema. Se creó la novela: Lo que no dije. Estoy escribiendo la edición bilingue de la novela y editando mi poemario. Luego de trabajar por dos años la publiqué a los 19 convirtiéndome en la novelista más joven de Puerto Rico. Por medio de la internet, de crear conciencia sobre este problema, especialmente en sus inicios para evitar los accidentes. Actualmente estudio mi maestria en periodismo y espero que este site sirva para ayudar a crear un mundo de paz.
Este libro es un sueño para mí. Como escritora desde joven he ganado varios premios, pero entiendo que ninguno me complementa más que este porque es una obra inspirada en un problema social y así puedo ayudar a mi país; con este site al mundo. Quiero ayudar a las mujeres que están en el problema y darles herramientas a los que están alrededor de ellas para que las ayuden. Este es mi granito de arena. Ayúdame a demostrar que una persona puede cambiar el mundo. Dicen que el que calla otorga y espero profundamente que apoye mi novela y este site, para que muchos lean LO QUE NO DIJE y salgan de la soledad, del maltrato y sobretodo del silencio. Si quieres la novela visita www.loquenodije.com
y para el quiz.
gracias!
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