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Lo que no dije

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4 Marzo 2008

Comencemos a definir

Hay señales de violencia muy sutiles que detectadas a tiempo pueden salvar vidas. ¿Sabes cuáles son?

Por Aurora R. Arguinzoni / arivera@elnuevodia.com

Es imposible anticipar cuántas mujeres más morirán este año en Puerto Rico a manos de sus parejas o ex parejas, mucho menos cuántas vivirán con el terror de que ellas y algún ser querido se sumen a la fatídica lista de víctimas.

La violencia infringida por un esposo o pareja masculina es una de las formas más comunes de violencia contra la mujer, además de otras como mutilación, hostigamiento, tráfico y asesinato de niñas y mujeres. Así lo ha confirmado el "Informe mundial sobre la violencia y la salud", publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"Aunque las mujeres pueden agredir a sus parejas masculinas, y la violencia también se da a veces en las parejas del mismo sexo, la violencia en la pareja es soportada en proporción abrumadora por las mujeres e infringida por los hombres", indica el informe.

Este hecho ineludible obliga a preguntarse: ¿Qué pasa con el amor que lleva a estas personas a juntarse? ¿Por qué a pesar del tiempo, el progreso y las lecciones del pasado los casos se siguen repitiendo? ¿Será posible evitar que la violencia invada las familias?

Tras consultar con instituciones académicas, profesionales y comunitarias, El Nuevo Día reunió a 11 estudiosos de estos temas para conocer su parecer.

1 Conoce sus raíces

Las raíces de la violencia doméstica contra la mujer parecen estar en el patriarcado, esa organización social en que la autoridad es ejercida por un varón y la mujer pasa a ser un objeto más de su propiedad. A lo largo de los siglos ese patriarcado -traído por la cultura española- ha marcado los valores culturales y las creencias del país a través de Estado, las iglesias, las instituciones sociales y las familias, fomentando claras diferencias de género.

El patrón de posesión y dominio se puede repetir de generación en generación a través del ejemplo y de procesos de aprendizaje social mantenidos por la misma sociedad. Sin embargo, mientras más educación y poder sociopolítico tienen las mujeres, menos incidentes de violencia contra ellas se reportan.

2 Qué detona la violencia doméstica

Los panelistas rechazaron el concepto "detonante" por considerarlo un vehículo para buscar excusas. Las enfermedades mentales, el uso de drogas o alcohol, el haber sido víctima o testigo de violencia doméstica en la infancia, el ser padre o madre adolescente, el tener pobres destrezas de manejo de emociones, las creencias o actitudes machistas y las presiones económicas son señalados como factores o características de riesgo, no como causas de la violencia en sí.

Sin embargo, el factor realmente determinante para que un hombre agreda a una mujer tiene mucho más que ver con su creencia de que tiene el derecho y la autoridad para hacerlo. En el caso de las mujeres inmigrantes esa creencia se acentúa cuando ellas piensan que están desprovistas de derechos, lo que no es cierto. Para ellas, las amenazas de deportarlas y de quitarle a sus hijos son un agravante.

De otra parte, cuando el sistema legal no atiende de manera efectiva los casos, la sensación de impunidad hace pensar a quienes abusan que pueden seguir haciéndolo. Como si fuera poco, muchas veces se culpa a la víctima, se le exige valentía para actuar a tiempo, pero no se le da el apoyo que realmente necesita para hacerlo.

3 Perfil del agresor y de su víctima

No es posible definir un "perfil" pues toda persona puede llegar a agredir o ser agredida. Los consultados prefirieron enumerar caracteríticas de unos y otros.

El agresor:
• En términos generales una persona agresora necesita ejercer poder y control, y lo manifiesta constantemente, no necesariamente con violencia física, también con expresiones verbales, controlando el acceso al dinero, con prepotencia y críticas constantes.
• Por lo regular, busca cualquier excusa para acometer y justifica, minimiza o no reconoce su violencia. Muchas veces esta persona es calculadora, identifica las fortalezas de su víctima y por ahí la ataca.
• Ideas rígidas de roles por género le impiden creer en la igualdad. La agresividad, ausencia de empatía y el pobre control de emociones pueden ser factores precipitantes, por lo que aprender a manejar el coraje es imperativo.

La víctima:
• Puede minimizar la violencia de que es objeto, dependiendo de su propia interpretación de lo que es violencia y de lo que perciba de su entorno familiar, comunitario e institucional.
• Con el tiempo, comienza a presentar los efectos de ese control, de esa violencia. Por ejemplo, su autoestima puede afectarse a tal grado que llega a perder destrezas de vida, deja de asumir roles o de participar de actividades que para otros pudieran ser completamente cotidianas.
• La víctima se aisla y puede entrar en una codependencia emocional y económica de quien le agrede, autoproclamarse abnegada por la pareja y/o los hijos, confundir los celos con amor y tener expectativas irreales de la relación.
• En ocasiones idealiza a la persona agresora sin mirar en concreto cuáles son sus actos y el efecto de éstos. El no conocer realmente quién es la pareja -si estuvo casada o presa, si tiene hijos, alguna enfermedad o patología, si ha sido agresora en otras relaciones- es otra característica, particularmente de mujeres inmigrantes víctimas de violencia doméstica.

4 Cómo evitar la violencia en casa

Todos coinciden en que sí, aunque la responsabilidad es colectiva tanto como individual. Entre sus propuestas se destacan fomentar la igualdad, tanto en las instituciones educativas, gubernamentales, religiosas y comunitarias, como en los medios de comunicación. Se deben crear iniciativas que ayuden a los padres a cultivar vínculos afectivos con sus hijos que les den seguridad y les ayuden a ser empáticos con los demás.

Es preciso revisar políticas públicas y empresariales, educar y empoderar a las mujeres para que sepan cómo detectar la violencia, romper patrones machistas de crianza, para que se apoyen entre sí y sean autosuficientes, y para que se dispongan a entrar en las estructuras de poder del país. De otra parte, es preciso también educar, concienciar y sensibilizar a los hombres de hoy y mañana para que aprendan a identificar características -personales y sociales- que puedan llevarlos a actuar violentamente, y saber cómo prevenirlas.

Las agencias de ley y orden deben proteger a las víctimas y evitar dilatar procesos que acaben empujándolas de vuelta a relaciones de violencia y opresión. Además, el sentido de impunidad es cómplice de la violencia, y esto aplica igualmente a las familias, que lejos de velar por la seguridad de las posibles víctimas a veces las devuelven a la relación juzgándolas y haciéndolas sentir culpables.

5 ¿Puede la mujer evitar ser víctima?

En este caso la respuesta fue "no". Podría prevenirlo, pero no evitarlo. Del mismo modo, cualquier persona podría intentar prevenir ser víctima de un asalto si toma ciertas precauciones, pero la realidad es que puede ser asaltada en el momento menos pensado.

La mujer debe aprender a identificar qué son actos violentos contra ella, indicadores de peligro y dejar de pensar que es ella quien propicia las agresiones o que puede evitarlos si cambia su comportamiento. Debe aprender a poner límites, saber que puede decidir con quién se relaciona o no y cómo lo hace. Por ejemplo, un novio que le grita, la humilla, la insulta, le pega y/o la controla, no es candidato para la vida conyugal. Nadie tiene derecho a agredir a otro ser humano. Además, la mujer tiene que reconocer su valía y su derecho de desarrollarse y ser autosuficiente como todo ser humano.

De otra parte, la sociedad tiene que proveerle ayuda, herramientas de protección y desarrollo. En la comunidad se culpabiliza a la mujer de la agresión y cuando ella entiende que lo es, se queda en el ciclo de violencia doméstica. El país tiene que fomentar relaciones de igualdad, los individuos deben procurarlas y en el momento en que se den una o dos situaciones de desigualdad, contrarrestarlas o buscar salidas a tiempo.

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San Juan, Puerto Rico
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Mi nombre es Ada M. Álvarez Conde, tengo 22 años y resido en Miami Florida. A los 16 años comencé a interesarme por el tema de la violencia en el noviazgo y las maneras para combatirla. Trabajé de voluntaria en el periódico estudiantil TINELLER; e hize un reportaje sobre lo mismo. Ese mismo año, basándome en experiencias personales e investigaciones comenzé a desarrollar mi pasión, la escritura en este tema. Se creó la novela: Lo que no dije. Estoy escribiendo la edición bilingue de la novela y editando mi poemario. Luego de trabajar por dos años la publiqué a los 19 convirtiéndome en la novelista más joven de Puerto Rico. Por medio de la internet, de crear conciencia sobre este problema, especialmente en sus inicios para evitar los accidentes. Actualmente estudio mi maestria en periodismo y espero que este site sirva para ayudar a crear un mundo de paz. Este libro es un sueño para mí. Como escritora desde joven he ganado varios premios, pero entiendo que ninguno me complementa más que este porque es una obra inspirada en un problema social y así puedo ayudar a mi país; con este site al mundo. Quiero ayudar a las mujeres que están en el problema y darles herramientas a los que están alrededor de ellas para que las ayuden. Este es mi granito de arena. Ayúdame a demostrar que una persona puede cambiar el mundo. Dicen que el que calla otorga y espero profundamente que apoye mi novela y este site, para que muchos lean LO QUE NO DIJE y salgan de la soledad, del maltrato y sobretodo del silencio. Si quieres la novela visita www.loquenodije.com y para el quiz. gracias! Contador de visitas: free web counter
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