La otra violencia
Por Ileana Delgado para El Nuevo Dia
La violencia
para nadie.
Según Naciones Unidas, cada 18 segundos un hombre agrede a
una mujer, mientras que más del 85% de las víctimas de una relación abusiva son mujeres. Las graves consecuencias de este pernicioso mal se discuten públicamente y a diario.
Pero hay otra violencia -de la mujer hacia el hombre- que muchos dicen es un secreto a voces. Un tema
dice uno de los entrevistados, si un hombre le grita a una mujer o es agresivo, lo acusan de maltrato. Si lo hace una mujer, se dice que “tomó control de su vida, se rebeló o, en el peor de los casos, que tiene personalidad fuerte”.
Otros destacan que el hombre está siendo desplazado
lugar de proveedor de los bienes de la familia. Al disminuir su salario o quedar sin empleo, puede caer en una situación donde su autoestima se lacera y en la que aumenta la agresión
grupo familiar.
La realidad, sin embargo, es que los casos de
varones agredidos por la mujer física, psicológica y, hasta sexualmente, han aumentado en los últimos años. Si se dan a conocer, más de uno lo comenta
“Muchos hombres creen que la Ley 54 no los
cobija, o que para solicitarla tienen que ser golpeados o mutilados. Otros piensan que el maltrato emocional y psicológico no es violencia. Al igual que las mujeres que son maltratadas, ellos
en una relación de la que no salen por muchas razones. No es que sean masoquistas. Es que se dan unas circunstancias emocionales que, si no buscan ayuda, no pueden salir”, explica la agente Ivelisse Álvarez, conferenciante de la División Especializada de Violencia Doméstica de la Policía de Puerto Rico.
Un ejemplo típico es la mujer que amedrenta al hombre con no dejarle ver a los hijos, que los esconde o “torpedea” las visitas. Otra táctica muy común es la
amenaza con acudir al Tribunal para pedir una pensión más alta.
“Hay hombres maltratados que logran la condena. Si la mujer llega a ir a la cárcel o entra a un programa de desvío y él se queda a cargo de los hijos, se le hace muy difícil todo porque no cuenta
con una red de apoyo. Hay mucha presión de la familia y de los hijos. Así que muchos deciden retirar los cargos”, indica la agente Álvarez.
Violencia invisible
Es una problemática sociocultural con ribetes
de tipo religioso, económico y hasta político. Especialmente, porque un gran porciento de la población -incluyendo sus legisladores- considera que no existe. Por lo tanto, se minimiza y, peor aún, se ridiculiza. De hecho, la violencia hacia el varón apenas se consigna, situación que no permite precisar la magnitud real de un problema que, generalmente, se mantiene “invisible” en el ámbito privado.
Una de las causas para no hablar, coincide la mayoría de los entrevistados por LaREVISTA, son los estereotipos rígidos
“esquema social”, de proveedor, jefe de familia y protector, una denuncia de agresión significaría trastocar los roles establecidos -donde se supone que el varón es el que lleva las riendas de la casa y, en último caso, si hay que pegar, lo hace él.
Pero en un panorama en el que la violencia
contra la mujer aumenta a diario, muchas muertas o incapacitadas, es difícil para el hombre plantear su problema. En lo que va de año, en
A lo que se añade que muchas mujeres aprovechan la situación para hacer denuncias falsas que las favorezcan en sus
procesos de divorcios. En España, por ejemplo, se ha señalado que si salieran a la luz pública todos los casos de hombres maltratados, el número prácticamente igualaría el de las mujeres agredidas. También se cree que en Estados Unidos la cifra de muertes por maltrato de hombres ya es igual a la de las mujeres.
“La violencia tiene un mismo origen: poder y
control. Pero las motivaciones de los hombres y las mujeres son distintas”, dice Edna Quiroz, coordinadora
Programa Convivencia sin Violencia en Comunidad, del Departamento de Corrección y Rehabilitación, quien cree que muchas mujeres que han sobrellevado un patrón
de maltrato -sea psicológico o físico- en un momento dado reaccionan, “se defienden”. “Muchas lo hacen en respuesta a lo que han estado recibiendo y aguantando”.
Parece ser el caso de Eva (no es su verdadero
nombre), una mujer de 28 años a quien le radicaron una Ley 54 hace dos años. Ahora está en probatoria pero lo que le ha pasado, insiste ella, es sumamente
injusto. Hacía unos años que convivía con el hombre que la acusó, con quien tuvo un hijo. Pero tenían muchas peleas y se dejaron. Trabajaban juntos y él
era su jefe inmediato. “El hostigamiento era brutal y él sabía que yo tenía las de perder porque necesitaba el trabajo”, dice la mujer. Un día que él fue a recoger al hijo, grabó la conversación que había tenido con ella. Sacó la grabadora y le dijo que ya tenía la evidencia (aparentemente para acusarla).
“Me abalancé sobre él y lo empujé. En el forcejeo,
él se cayó y yo cogí la grabadora y la tiré contra el piso. Después me fui al cuartel a poner una querella”, cuenta Eva. Pero él también fue con un abogado y
la acusada de agresión fue ella. La sentencia fue probatoria en un programa de desvío, donde ha estado recibiendo terapias que, según dice, la han ayudado mucho. Ya consiguió otro trabajo y ahora está segura de que prefiere estar “sola que mal acompañada”.
Según el abogado Edgardo Rivera Rivera, quien
ha defendido a hombres víctimas de maltrato conyugal, la mayor parte de los casos de violencia surgen en el momento que hay un rompimiento de la pareja. Yen el 90% de los casos, uno de los dos tiene una relación extramarital.
“El maltrato muchas veces viene acompañado de
chantaje y amenazas. Muchas mujeres, al enterarse de que el ex marido tiene novia, piden una orden de protección. Lo acusan falsamente, alegan que él dijo
‘si no eres mía, no eres de nadie’. Es el cliché que más utilizan para lograrl a orden de protección”, señala Rivera, mientras destaca el hecho de que algunas mujeres llegan al punto de autoinfligirse daño físico para lograr sus propósitos.
“Tenemos que entender que todos los seres
humanos tenemos la capacidad para actuar de forma violenta. Pero en el caso de la violencia hacia el hombre, hay muy pocas condenas”, agrega Rivera. La explicación
Para Alberto, un profesional de la salud de 45
años, el maltrato psicológico
Lo que más le afectaba era el desprecio. “Hacía expresiones hirientes, que era un perdedor, que se había equivocado conmigo”, recuerda el hombre, quien llegó
a dormir en el piso para no molestarla. Pero asegura que nunca la maltrató porque sus principios religiosos y la forma en que fue criado se lo impiden.
Con el tiempo comprobó que ella tenía un
amante y que quería un divorcio ventajoso. Además de una orden de protección, ella pidió el divorcio por ruptura irreparable y trato cruel. “Dijo que si no
accedía, tenía suficientes influencias para destruirme”, afirma Alberto, quien todavía no sabe qué va a pasar en términos legales. Pero espera que el divorcio sea en otros términos, no en los de ella.
Precisamente, el maltrato más común que sufren
los hombres, según la experiencia de la agente Álvarez, es psicológico y sutil -basado en la humillación y la manipulación.
“Las víctimas de violencia psicológica pueden
mostrar ansiedad y desasosiego permanente, depresión y descontrol emocional, deterioro de la autoestima, dificultades para establecer relaciones interpersonales duraderas, disminución de sus posibilidades intelectuales y de
su capacidad de trabajo e incapacidad para asumir los cambios de vida de manera apropiada y/o pérdida de deseos e interés, explica la Dra. Zahira Lespier, psicóloga clínica del Negociado de Tratamiento y Rehabilitación del Departamento de Corrección. Pero destaca que estos síntomas son iguales en mujeres y hombres.
“Muchas veces, si llegan a ir al Cuartel (de
la Policía)”, afirma la agente Álvarez, van en momentos de crisis en busca de orientación. Pero no quieren radicar cargos. “Se les recomienda que lo hagan
porque eso nos permite ofrecer ayuda”. Son situaciones que también se dan en niveles sociales altos, agrega la mujer policía. Pero se negocia diferente -a base de dinero.
Pero es importante, enfatiza Álvarez, que
tanto hombres como mujeres busquen ayuda, se orienten y adquieran herramientas que los ayuden a combatir la violencia. Después de todo, violencia es violencia. “Y sería más fácil si la combatimos, independientemente del sexo,
nivel social, preferencias sexuales o lugar de origen”.
Mi nombre es Ada M. Álvarez Conde, tengo 22 años y resido en Miami Florida. A los 16 años comencé a interesarme por el tema de la violencia en el noviazgo y las maneras para combatirla. Trabajé de voluntaria en el periódico estudiantil TINELLER; e hize un reportaje sobre lo mismo. Ese mismo año, basándome en experiencias personales e investigaciones comenzé a desarrollar mi pasión, la escritura en este tema. Se creó la novela: Lo que no dije. Estoy escribiendo la edición bilingue de la novela y editando mi poemario. Luego de trabajar por dos años la publiqué a los 19 convirtiéndome en la novelista más joven de Puerto Rico. Por medio de la internet, de crear conciencia sobre este problema, especialmente en sus inicios para evitar los accidentes. Actualmente estudio mi maestria en periodismo y espero que este site sirva para ayudar a crear un mundo de paz.
Este libro es un sueño para mí. Como escritora desde joven he ganado varios premios, pero entiendo que ninguno me complementa más que este porque es una obra inspirada en un problema social y así puedo ayudar a mi país; con este site al mundo. Quiero ayudar a las mujeres que están en el problema y darles herramientas a los que están alrededor de ellas para que las ayuden. Este es mi granito de arena. Ayúdame a demostrar que una persona puede cambiar el mundo. Dicen que el que calla otorga y espero profundamente que apoye mi novela y este site, para que muchos lean LO QUE NO DIJE y salgan de la soledad, del maltrato y sobretodo del silencio. Si quieres la novela visita www.loquenodije.com
y para el quiz.
gracias!
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