
Tras la violencia doméstica hay un complejo cuadro social en el que inciden muchos factores. La educación surge como herramienta impostergable
Por Mildred Rivera Marrero para el nuevo dia www.endi.com
A Élida Ríos Montañez -de 32 años- su compañero consensual la persiguió hasta matarla a tiros en la calle, a plena luz del día. A Brenda Rivera Miranda -de 36 años- su esposo le pegó un tiro fatal delante de sus hijos, para luego suicidarse.
A Julio Feliciano Echevarría- de 42 años- una mujer con quien tenía una relación lo asesinó utilizando un cuchillo.
Ellos son parte del fatal grupo de siete que ha muerto en lo que va de año a causa de la violencia doméstica y a los que podría unirse uno más cuando se confirmen las sospechas de la Policía. Eso compara con 10 asesinatos de mujeres a la misma fecha del 2008.
Son también parte de los fantasmas que le recuerdan a Daisy González (nombre ficticio) que ella pudo haber estado en esas estadísticas.
"Si me hubiera mantenido en aquella relación, una de esas mujeres hubiese sido yo. Cada vez le doy gracias a Dios por mantenerme viva y darme la oportunidad", dice la mujer de 27 años y madre de tres hijos que está en proceso de recuperación.
Su caso no es diferente al de otras cientos de miles de féminas que cada año son víctimas de violencia doméstica y que presentan un complejo cuadro social que explica por qué, en muchas ocasiones, se mantienen en esas relaciones. El año pasado hubo 20,389 incidentes de violencia doméstica y este año, hasta el jueves de esta semana, la Policía había contabilizado 5,744. En la inmensa mayoría de los casos, las víctimas son mujeres.
A sus 14 años, González dejó la escuela y empezó una relación con un hombre de 47 años que comenzó a maltratarla físicamente cuando quedó embarazada por primera vez.
"Estando embarazada me golpeaba. Nadie sabía lo que yo estaba pasando porque cuando uno está en esa situación uno no quiere que nadie sepa nada. Yo me crié con mi mamá solamente. Yo pensaba que era normal porque como no me crié en esa situación (con un padre), todo le parece normal a uno. Uno no tiene quién te oriente y te ayude. Estuve pasando por eso 10 años y al salir de esa relación me metí en otra peor".
Con su relato, González revive los años de golpes, encierro, enajenación social y violación que vivió en su segunda relación, con un hombre de 55 años con el que se mudó a Estados Unidos, lejos de su familia.
"Yo tenía miedo. Ellos te intimidan. Me decía que era el único que me quería, que nadie me quería. Para mí la vida no valía na', no significaba nada", recordó.
Lo abandonó. Pero él siguió acosándola, "hasta que un día, por poco me mata. La nena mía le dijo que me dejara y él le dio en el pecho. Ahí yo no aguanté más y salí corriendo".
El hombre fue encontrado culpable en el juicio que se presentó y, aunque fue a la cárcel, al poco tiempo estaba en la calle para cumplir un año de probatoria.
Impostergable la educación
Al mirar hacia atrás y al considerar su caso y el de otras mujeres, González menciona la educación como uno de los elementos vitales para combatir la violencia doméstica. Ese, precisamente, fue uno de los elementos que destacó un grupo de profesionales en un diálogo con LaREVISTA y la Junta Editorial de El Nuevo Día.
Manifestaron que urge un enfoque integral que combata el problema desde diversos frentes. Reconocieron que se han logrado avances en áreas como la creación de protocolos para el manejo de esos casos en las agencias del orden público, pero advirtieron que ya no se puede postergar más la integración de esfuerzos en la educación.
Diana Valle, ex presidenta de la Casa Protegida Julia de Burgos y profesora de la Escuela Graduada de Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico, manifestó que "la educación es una de las mejores herramientas de prevención. La gente, en general, no conocemos el proceso de la violencia doméstica, donde hay unas estrategias de seducción, entrampamiento, intimidación y amenazas. Lo más fácil es decir: ‘ella se lo buscó, ella lo quería, ella estaba allí y no hizo nada'. Uno apela a las normas culturales, que dicen que la mujer es inferior, que es débil. ¿Cómo vamos a cambiar esas normas culturales que colocan a la mujer en una situación de indefensión, de inferioridad, de subordinación? Una de las formas es a través de la educación".
Valle recordó que -paralelamente a los esfuerzos tradicionales de orientación- las organizaciones de base comunitaria y de apoyo a mujeres víctimas de violencia doméstica estuvieron por años tratando de llegar al sistema de educación del País para hacer un trabajo de prevención. La integración de una visión que promueve la igualdad entre hombres y mujeres en los diversos niveles escolares se comenzó a integrar en el Departamento de Educación en el 2004 con unos talleres para estudiantes de nivel intermedio. Finalmente, una carta circular del pasado secretario, Rafael Aragunde, integraba la perspectiva de género en el currículo del sistema público.
Sin embargo, el titular actual, Carlos Chardón, la eliminó tan pronto llegó a Educación alegando que eso es un asunto de los padres y de la sociedad y que él no le dirá a los niños qué es bueno y qué es malo.
El sicólogo y decano de estudiantes de la Escuela de Medicina San Juan Bautista, Salvador Santiago, destacó que "en Puerto Rico no tenemos un plan de prevención o para lograr la igualdad en todo el sentido de la palabra. Le preguntas al Secretario de Educación cuál es el plan a nivel elemental para lograr igualdad y ¿dónde está ese plan? Si no hay programas concretos desde Headstart, donde se ven desigualdades crasas, y se empieza a acumular ese capital intelectual negativo, el producto final es la violencia terrible que vemos en la adultez".
La ex procuradora de las mujeres, María Dolores Fernós señaló que "el Departamento de Educación tiene material preparado por especialistas para escuela elemental, para escuela intermedia y para escuela superior. Hay material escrito, vídeos, teleconferencias. Se tenía que bregar con la educación y nos hemos estrellado contra esa pared".
A implantar las leyes
La también abogada manifestó que "queda muy poco por hacer en términos de normativa" porque en 1989 se estableció la Ley 54 de Violencia Doméstica, en el 2001 se creó la Oficina de la Procuradora de las Mujeres y, posteriormente, se establecieron protocolos para el manejo de esos casos en la Policía y otras agencias, entre otros.
Sin embargo, Fernós coincidió con otras profesionales en que todavía persisten obstáculos para lograr un manejo adecuado de los casos a nivel de la Policía y los tribunales, como la falta de recursos suficientes para atender los miles de casos que llegan anualmente, la exigua cantidad de policías que ha recibido el adiestramiento requerido, la escasez de albergues para las víctimas y los prejuicios de los agentes del orden público que no aplican las leyes y los protocolos como deben ser. En muchas ocasiones, esas prácticas o carencias son las razones para que las mujeres retiren sus querellas.
Uno de esos aspectos en los que se falla, según la directora del Proyecto Matria, Amárilis Pagán, es en el trato del policía que toma la querella de una víctima de violencia doméstica debido, en muchas ocasiones, a sus prejuicios en contra de las víctimas de violencia doméstica.
"Todavía tenemos la situación de que una mujer radica una querella y lo que se hace es que se toma el testimonio de ella, pero no se recopila evidencia médica, física, de testigos adicionales y fotografías, o no se investiga con la rapidez que hay que investigar. Hay todo un andamiaje montado, que si la gente tuviera la voluntad de que eso corriera, correría", sostuvo Pagán.
Esa falta de evidencia es obstáculo para que, en casos en los que se identifique un alto grado de peligrosidad para la persona afectada, se pueda celebrar un juicio en ausencia de la víctima, destacó Pagán. La mujer también destacó que existen pocos recursos policiacos para atender los casos.
Durante el diálogo, se puntualizó en que luego de que un policía atiende inicialmente a una persona que presenta una querella, tiene que llevarla ante un fiscal, que es el oficial que orienta sobre las protecciones que da la ley y determina la peligrosidad de su situación.
La fiscal Janet Parra, quien dirige la Unidad especializada de Violencia Doméstica y Maltrato a Menores del Departamento de Justicia, aseguró que esas oficinas tienen agentes especializados hasta la medianoche y que luego hay un oficial que contesta un celular a cualquier hora en caso de alguna incidencia. Aceptó que no todas las regiones tienen esas unidades.
Sin embargo, la teniente Margarita George, quien coordina las Divisiones Especializadas de Violencia Doméstica de la Policía, la contradijo.
"Voy a discrepar de usted. Hay unas instrucciones del Fiscal General que dicen que solamente los fiscales se van a llamar en asesinatos y en accidentes de vehículo graves, y son todos los fiscales, no hace excepción", declaró George.
"La realidad es que no hay tal cosa como un fiscal de madrugada en casos de violencia doméstica", aseveró George.
Ante el planteamiento, Parra insistió en que la región de Bayamón opera con un fiscal a cargo las 24 horas.
"Si tienes tantos casos de violencia doméstica, no deberías tener un solo fiscal especializado por región judicial. Las unidades especializadas no tienen policías suficientes y tienen que hacer de tripas corazón", agregó Pagán.
Tampoco son suficientes las intercesoras legales, que son personas de las organizaciones no gubernamentales que ofrecen apoyo a las víctimas de violencia doméstica en los tribunales y que, en muchas ocasiones, identifican los fallas procesales.
"Una mujer puede llegar al tribunal y jamás toparse de frente con la intercesora legal porque es una sola", lamentó Pagán, quien también denunció que los 12 albergues que protegen a las víctimas de sus agresores por espacio de tres meses son pocos.
"Es una de las cosas que hacen que la mujer no vaya al tribunal y que la mujer retire los cargos. Si reconocemos que la violencia doméstica es resultado de la desigualdad social, hay que crear programas que ofrezcan un balance, como vivienda transitoria, de desarrollo económico y de cuido de niños", declaró Pagán.
A usar la discreción
Otro problema es que los jueces no están utilizando recursos que existen en la ley y los protocolos para ayudar a las mujeres a cortar con el ciclo de violencia, de acuerdo con las entrevistadas.
George indicó que al momento de otorgar una orden de protección, la ley provee elementos para que los jueces establezcan relaciones paterno y materno filiales, pensión alimentaria y custodia provisional. "Son remedios que el juez tiene para que esa mujer se sienta segura" y no crea que tiene que volver con el agresor para tener un sustento o para que no esté en peligro durante las visitas a los hijos, dijo George.
Las estadísticas revelan que son ínfimos los casos en que los magistrados utilizan su discreción judicial para adoptar esas medidas. Del total de 5,572 órdenes de protección expedidas desde enero hasta la última semana de abril, sólo en 310 de los casos se establecieron las relaciones paterno filiales y en 176 se estipuló pensión alimenticia.
De igual forma, el juez tiene la discreción de establecer un proceso de monitoreo al fijar una orden de protección.
"Aún cuando Fiscalía decida que no hay condiciones para radicar un cargo, si se identifican condiciones de letalidad, se podrían hacer más cosas. El manual del juez, el libro de estrado, contiene una disposición que algunos jueces la han utilizado y ha sido efectivo. Les dicen: ‘le expido esta orden de protección y todos los meses viene aquí'. Eso no está en la ley, pero a los jueces que lo han implantado les ha funcionado porque el agresor siente que el sistema lo está velando", sostuvo Fernós.
No obstante, en ocasiones, esa discreción judicial tiene un peso negativo a la hora de condenar a los acusados, ya que muchos de los agresores son referidos a programas de desvío en los que se supone que se ofrece educación. Un estudio realizado el cuatrienio pasado reveló que el 70% iba a desvío, dijo Fernós, para quien esa proporción demuestra "que se está tratando muy livianamente la sanción". Eso ocurría en momentos en que algunos de esos programas sólo existían en papeles y no ofrecían ningún servicio de rehabilitación, según descubrió posteriormente la Junta de Rehabilitación a la que perteneció la ex Procuradora y la cual recomendó el cierre de tres de ellos.
De igual forma, el sistema resultó muy permisivo a la hora de imponer sanciones a los compañeros de las sobrevivientes de violencia doméstica Daisy González y Jessica Rivera (nombre ficticio) de 28 años y madre de dos menores. Esta última sufrió un patrón de violencia y de poner y quitar órdenes de protección hasta que su esposo trató de ahorcarla delante de sus hijos. Nueve días después del incidente decidió denunciarlo e ingresó a un albergue, pero cuando salió tuvo que irse del País porque el agresor ya estaba en la calle y eso la ponía en peligro.
Su conclusión es tal vez la realidad de miles de mujeres: "El sistema no funciona porque, por denunciarlo nueve días después, le bajaron los cargos. Yo me sentía presa en el albergue y él por ahí", afirmó la mujer refiriéndose al hombre que comenzó a agredirla tan pronto quedó embarazada.
servido por Ada Mercedes
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Por Ada M. Alvarez Conde
Cuando nace una mujer, nace un posible homicidio. No hay duda que la violencia hacia las mujeres es un problema social. Como parte de una propuesta de la Octava Conferencia Magistral sobre la Mujer de América Latina y el Caribe dada en Perú, auspiciado por UNIFEM, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la mujer anunció que todos se comprometían “a prevenir y combatir todas las formas de violencia contra las mujeres y sus causas básicas”. Entonces qué está pasando que se escucha cada vez más la palabra prevención para la erradicación de la violencia en doméstica. ¿Cómo esos homicidios se pueden evitar y qué está pasando que no acaban?
Sexo y género no es lo mismo. Es lo primero que se debe de aprender. El sexo es determinado de manera biológica por los órganos sexuales que tenemos y por ello nos definen como masculino o femenino. El género sin embargo es todo lo que conlleva ponerle roles a los sexos. La perspectiva de género es la categoría de análisis social que permite una visión más completa de los fenómenos sociales, ya que analiza las circunstancias concretas de hombres y mujeres en los diferentes ámbitos de interacción social. El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en República Dominicana establece: “esto permitirá que se adopten las medidas necesarias para corregir las relaciones sociales y de poder históricamente discriminatorias”. Entonces, la raíz del problema son los roles asignados a los sexos y el trastoque de estos como punto de partida en la violencia social.
En el mes de marzo (2003) tuvo lugar en Antigua, Guatemala un taller titulado “¡Basta! América Latina Dice no a la Violencia Basada en el Género”, el cual fue organizado por la Federación Internacional de la Familia (conocida como IPPF). Durante este evento fue emitida una declaración para prevenir y dar respuesta adecuada a las mujeres víctimas y sobrevivientes de violencia basada en el género. Avanzando entonces aún más las propuestas del 2000 que enfatizaban el sexo. Esta conferencia abordó el tema del género como principal raíz a la violencia contra las mujeres. La pasada Procuradora de las Mujeres en Puerto Rico, María Fernós, estableció en el 2007 que si no hubiera distinciones entre los géneros, no hubiera relaciones y apropiaciones del poder entre los hombres ni la aceptación de ello en las mujeres. Fernós sostuvo que la problemática inicial es reconocer el problema para poder salir de éste. Sin embargo, ella establece, que la peor enemiga que tienen las mujeres son otras mujeres, que al ser criadas de forma machista, instan a las mujeres que buscan consejos a que aguanten la situación considerándola normal. Esto hace más grande el miedo.
Es importante conocer la violencia y sus facetas. La violencia no se da exclusivamente de hombres a mujeres, sino que se puede dar de mujeres a hombres, pero muchos estudios establecen que éstos no se reportan por el miedo a la opinión pública y de sus amistades. Denunciar un acto de violencia de una mujer a un hombre se ve como un acto de debilidad para ellos, una característica que no contemplan en sus roles de género. Todas las campañas que poco a poco han surgido globalmente van dirigidas hacia las mujeres porque las cifras demuestran que la violencia hacia ellas es la principal causa de muerte y problemas en muchísimos países. Además, que los roles de género propician un estado de poder sobre el cuerpo y las decisiones femeninas. A pesar de que hayan muchas campañas, muchos casos que ocurren, siguen pasando por consentimiento, asumiendo el rol de sometida. Sin embargo, muchos estudios del Departamento de Psicología de Estados Unidos establecen que recibir violencia no es un acto placentero y buscado y que si se sigue en la situación es por dependencia y por miedo.
. La violencia a las mujeres no es solo física, como la mayoría piensa. La palabra agresor por ejemplo alude a un acto de violencia física pero hay otros tipos. La violencia física es la más presentada por los medios, pero no es la más común. La violencia doméstica se divide en tres tipos: emocional, física y sexual. Creer que la violencia física es la única o más común es algo cultural, propiciado por las noticias, que publican mayormente casos cuando son accidentes fatales o graves; no al momento de presentar querellas por otros tipos de maltrato o persecuciones. El daño físico incluye empujones, patadas, jalones, mordidas, puñetazos y el lanzamiento de objetos para herir. En Voz de Voces, revista de la Coordinadota Paz para la Mujer (Caribe), se reportó que el 94% del abuso físico, no hubiera pasado si no hubiera daño emocional.
El abuso emocional es silenciado. Según el Departamento de Salud de los Estados Unidos el abuso emocional también es un problema serio de salud y está basado mayormente en el control y el miedo. Los compañeros violentos limitan la libertad estableciendo con quién habla, cómo se viste y a dónde ir. Esto incluye miradas, amenazas para tratar de probar que él está en lo correcto, y conversaciones manipulantes para establecer que si lo ama de verdad ella debe hacer esos “pequeños sacrificios”. Este tipo de violencia es además la que propicia el abuso físico, puesto que en el 99% de los casos ocurre violencia física con violencia emocional. Sólo imagine una pelea entre dos varones a los puños sin ningún tipo de insulto previo o durante el acto. La violencia emocional es la raíz del abuso.
¿Y qué es el abuso sexual en las parejas? El abuso sexual ocurre cuando el agresor la viola (porque violenta sus deseos) pero utiliza preguntas de manipulación sicológica como: ¿por qué no? Legalmente, en muchos países, no se considera una violación porque hay una relación establecida. Las violaciones son las menos reportadas y se cree mayormente que viene de extraños, sin embargo, se dan entre parejas. El Departamento de Justicia informó que reportar este tipo de abuso es un proceso complicado y por ende son los menos reportados, por lo difícil que es decirlo o salir de las casas para hacerlo, el miedo a la burla y los exámenes que conllevan. Eso sin contar el miedo que hay a represalias por parte del agresor. Ahora, hemos hablado de la víctima, pero ¿y el agresor cómo lo identificamos?
No hay una definición exacta de características sociales u otras fuera de sus acciones. Vienen de cualquier edad, raza, estatus social, orientación sexual y religión. Algunas de éstas son: celos extremos, culpan a otras personas por sus acciones, rompen objetos, tienen conducta de control, usan la violencia como juego sexual en sus relaciones, y cambian de temperamento fácilmente. Puede que estés cerca de un agresor ya o un futuro agresor. Inclusive, para volver a la prevención, es importante tomar en cuenta a los noviazgos.
La violencia en el noviazgo es igual de grave y por medio de su prevención se logrará la erradicación de la violencia doméstica. En muchos países se desconocen leyes y definiciones para este problema. La violencia doméstica al igual que la violencia en el noviazgo recogen los tres tipos de violencia. La diferencia mayor entre ambas es que una se da en el concubinato y otra se desarrolla entre parejas que no viven juntos. Es por eso que es conocido además como violencia de citas. En países como Chile, Colombia, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, entre otros; más del 50% de mujeres reportan sufrir abusos por parte de sus parejas. Esto sin analizar un dato curioso de Puerto Rico que podría tomarse de ejemplo: más del 45% de las denuncias presentadas por violencia doméstica son hechas por jóvenes de 12-24 años. Además se conocen casos donde la víctima es una joven que muere o termina gravemente herida. No se debe ignorar este problema.
La violencia hacia la mujer, hacia el género, doméstica, de novios, intrafamiliar; en todas sus denominaciones es un problema social grave que atenta con la vida y dignidad de los seres humanos. La dignidad sobre todas las cosas, protegido en la mayoría de las constituciones al igual que la libertad quedan rezagadas en una relación violenta. Al preguntarnos por qué las mujeres se quedan en una relación de este tipo, Alfonso Batres, psicólogo encargado de los servicios de reajuste a veteranos en Estados Unidos estableció: “una relación violenta es como la guerra, afecta a todos. Sobre todas las cosas afecta cómo uno se ve a sí mismo, el héroe, el enemigo y todo se da bajo una misma circunstancia, el campo de batalla. En casos como la violencia doméstica lo más que se utiliza es el miedo y la manipulación. Le hacen creer a la mujer que ese es su rol (estar callada aceptando lo que venga) y que cualquier atentado para salir de allí no va a ser beneficioso. Si difícil es reconocer el problema, salir de una dependencia emocional, imagínate cómo lo sería salir de una dependencia económica donde está en riesgo la vida misma con más fuerza. Muchas entonces recorren a lo conocido, al golpe que les espera si no cocinan a tiempo y prefieren eso a ver dónde trabajan (sin que él la encuentre) para ver si ese día come, sobrevive y para rematar otro hombre no la viola. La mujer definitivamente en muchas cosas sociales es el blanco de ataque”.
Se habla de un nuevo femicidio. Se habla de la desintegración de la familia. Se habla de la violencia y de sus formas, pero sobre todas las cosas se ignora su prevención. En la re-educación sobre lo que es el género se reivindicarán los roles femeninos y con eso la subyugación de la mujer hacia el hombre. Desde la juventud y la crianza se sabrá, de ser propiamente difundido, quién puede presentar señales que ayuden a la prevención para que nadie se convierta en víctima ni en victimario. La violencia es intolerable. Como decía la filósofa francesa Sarah Kofman: “lo intolerable de la vida es el doble”. Refiriéndose a las cosas que de verse buenas pasaban a convertirse en monstruos, donde el bien y el mal habitaban un mismo cuerpo, al igual que los agresores que se convierten en seres habitados y construidos que hacen de la vida una más dura y que llevan a que cada vez que nazca una mujer, se considere que de por sí ya peligra.
servido por Ada Mercedes
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Por Aurora Rivera Arguinzoni / arivera@elnuevodia.com
Para vencer a la violencia doméstica hay que educar a toda una sociedad, y aunque durante los pasados 20 años se han alcanzado grandes logros falta mucho por hacer. Unos piensan que se debe educar a los chicos desde que están en escuela elemental, otros que se debe hacer desde que están en el vientre o incluso antes educando a los futuros padres. Entonces, ¿por dónde comenzar?
Un panel de 11 expertos consultados por Por Dentro analizó los aciertos y desaciertos de esfuerzos pasados para luego proponer rutas hacia un futuro de equidad y paz.
Hogar, iglesia, escuela y sociedad. Todos estos escenarios deben ser propulsores de conceptos de equidad. Para que los niños y las niñas crezcan viéndose como seres con los mismos derechos y las mismas capacidades, sus padres, abuelos, maestros, superhéroes y artistas favoritos deben transmitirles esos conceptos.
Por lo tanto, no es admisible que una tarea escolar requiera parear labores domésticas exclusivamente con mamá, o ciertos juegos sólo con niños o niñas, ni que una canción, una novela o un sermón les enseñe que es normal que la mujer actúe sólo a instancias de su esposo, ni que los hijos son sólo responsabilidad de mamá.
Para erradicar la violencia doméstica los varones deben aprender a manejar sus emociones y a controlar la ira, el coraje, de forma saludable. Asimismo, se debe estar vigilante pues se reportan casos de niños que copian patrones violentos de sus padres y desde los ocho o nueve años oprimen y victimizan a sus madres, a veces incluso avalados por familiares paternos.
Del otro lado, están los hombres que son agredidos o victimizados por sus parejas (femeninas o masculinas). Aunque son ínfimos los casos -una clínica de servicios a la comunidad reporta de ocho a 10 casos vs. 30,000 de mujeres- existen y deben ser atendidos por igual en las agencias pertinentes siempre y cuando se demuestren los méritos y se descarte que sea una manipulación de los hechos para seguir abusando de la otra parte. En ese sentido es importante no caer en catalogar como violenta o agresiva a una mujer sólo por el hecho de que rompe con el estereotipo de víctima al ser asertiva y decidida en su defensa.
Más y mejores campañas educativas
Lograr estos cambios no es nada fácil, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta el momento la mayoría de las iniciativas y campañas educativas han sido impulsadas de manera independiente, limitada y carente de seguimiento. Además, van contra toda una cultura patriarcal enraizada en sus estructuras educativas, religiosas, de gobierno, de empresariado, y contra el inmenso poder de los medios de comunicación. Aún así, estas campañas han tenido un efecto positivo en la medida en que cada día son más las mujeres que procuran los servicios de instituciones que les brindan ayuda.
En el futuro, se debe elaborar campañas que apelen a más sectores como hombres, inmigrantes, personas con poco acceso a medios de comunicación y a la comunidad en general. Al mismo tiempo, los panelistas reclamaron a los responsables de los medios de comunicación brindar “tiempo igual” para contrastar productos en los que las imágenes, la música, los temas y las tramas en general siguen reforzando modelos estereotipados de hombres machistas y agresivos que resultan ser el galán “ideal” para mujeres vulnerables emocional, intelectual, profesional y económicamente. Además, que se destaquen los logros y las aportaciones de las sobrevivientes.
Entretanto, el Departamento de Educación y la oficina de la Procuradora de las Mujeres tiene la obligación de ejecutar lo que le ordena una ley aprobada en el 2006: diseñar y la implantar un currículo dirigido a promover la equidad por género y la prevención de violencia doméstica.
Cuándo y cómo educar para la equidad
Recursos
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer - http://www.cladem.org/espanol/
Proyecto Matria - (787) 704-2222 y 703-0148; proyectomatria@yahoo.com
Coordinadora Paz Para La Mujer - (787) 281-7579; www.pazparalamujer.org
Casa Protegida Julia de Burgos - (787) 723-3500
Casa de la Mujer Dominicana - (787) 772-9251
Procuradora de las Mujeres - (787) 721-7676, (787) 697-7676 y (787) 697-2977
Libros
El Acoso Moral: El Maltrato Psicológico en la Vida Cotidiana. Por Marie-France Hirigoyen.
La diversidad cultural. Por Rosalie Rosa
La pareja actual. Transición y cambio. Por Inés Castro
servido por Ada Mercedes
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